El coste de la caída. No te enamores de tu empresa

El coste de la caída. No te enamores de tu empresa

Lo de “no te enamores de tu empresa” lo he dicho a varios clientes y en este blog ya la he citado. Pero para empezar, voy a contradecir el título del post. Un empresario debe estar enamorado locamente de su empresa. Mimarla, cuidarla, respetarla, abrazarla, besarla… También tiene que inculcar a sus empleados el amor por la empresa ¿Cómo? Mimándolos, cuidándolos, respetándolos, abrazándolos y… sin besarlos, no te pases.

Debes conseguir que tu equipo se involucre al 100% en los objetivos de la empresa. Es un esfuerzo de pico y pala todos los días. Hay que escuchar sus preocupaciones y propuestas. Para eso debes fomentar que tengan libertad para decirte abiertamente lo que piensan. Si te tienen “miedo” porque eres un empresario de “la antigua escuela”, mal vamos. Tu empresa puede ir bien, pero podría ir muchísimo mejor.

Si me descuido escribo un post que no tiene nada que ver con lo planeado. Céntrate, Perico. En un bote de 80 € tu rival apuesta 20. Ya has puesto 40 y tienes que decidir si poner 20 más en un bote de, ahora, 100 €. En el póker debes olvidarte de los 40 € que llevas invertido. Sólo debes tener en cuenta si tu mano tiene una probabilidad de ganar superior al 5 a 1 que ofrece el bote ¿Te acuerdas de cuando hablamos de las odds? Seguro que no. Era aquello del cara/cruz en este post y en este podcast.

Una vez que la inversión está hecha, el dinero se ha ido. Esto es una pérdida. Muchos jugadores y empresarios basan una decisión (poner 20 € más) en sus decisiones previas (ya han invertido 40). Si lanzas una moneda 100 veces y han salido 100 caras ¿cuál es la probabilidad de que la siguiente sea cruz? Pues el 50%, obvio. Es difícil cambiar la mentalidad sobre este aspecto. A mí me costó meses y, lo que es peor, seguramente mucha pasta.

Lo que haya ocurrido en el pasado es irrelevante de cara al futuro, si hablamos de probabilidades, claro. Lo único que debes tener en cuenta en el ejemplo anterior es si tu mano tiene una probabilidad de 5 a 1 de ganar. Una vez que está en el bote, ese dinero ya no es tuyo.

Muchas veces tomamos decisiones para justificar un error previo, pero eso es otro error, porque debemos verlos como sucesos independientes. Imagina que haces un estudio de mercado que te lleva seis meses y todos los datos te sugieren que montar en determinada calle un chiringuito de comida rápida podría tener mucho éxito. Cuando ya has invertido 100.000 € en gastos previos McDonald anuncia una próxima apertura en la misma calle ¿Qué haces?

Un emprendedor inteligente rehace los estudios de mercado y decide si es viable o no la inversión teniendo en cuenta la apertura de McDonald. Si no es viable, se retira y busca una nueva oportunidad. Es una decisión muy “no emocional”. Esto es tratar el tema con frialdad, basándote en los datos y olvidándote de que has metido 100.000 € en el bote. Recuerda que esos 100.000 € ya no son tuyos. Que este revés te sirva de aprendizaje y a por el siguiente reto.

Aquellos que se rijan por las emociones, en muchas ocasiones dirán algo así “He dedicado 6 meses de mi vida a esto. Por mis narices voy a dejar que McDonald me venza tras gastar tanto tiempo y dinero en esto ¡Se van a enterar de quién soy yo!» Gran error. Vas a seguir gastando dinero y energía en un proyecto que ya huele a cadáver. Ese dinero que estas “tirando” te puede servir para el siguiente proyecto.

Esto ocurre porque somos cabezotas y nos fastidia perder 100.000 € antes de empezar. Pero lo importante son los 200.000 o más que voy a despilfarrar a partir de ahora. Estos sí que no sirven para nada.

Siento que te pase esto, pero yo pondría mi pasta en McDonald. Deja las emociones a un lado. Plantéate los negocios y las inversiones como una mano de póker. Te dará una mejor perspectiva. Terminada esa mano, jugarás muchas más. Aferrarse a una mano o empresa que parece prometedora sólo te impedirá que tengas recursos para jugar la siguiente mano.

Cuando empieces a tener claro que llevas una mano perdedora, retírate, no importa cuánto hayas invertido ya.

“El éxito es ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo”. Winston Churchil esto último, el resto Perico.